ALGUNAS CITAS Y REFLEXIONES DESPUÉS DE ESCUCHAR A JORDI BORJA
La conferencia que dio Jordi Borja en la Universidad Católica de Perú se titulaba: ESPACIO PÚBLICO Y CIUDADANÍA.
"La ciudad es el espacio público". El espacio público de nuestras ciudades tiene que estar caracterizado por albergar multitud de funciones, por ser un espacio ordenador y generador de usos, por ser un espacio de carácter físico, social, económico y político (en el que actúa en poder y el antipoder) y por ser un espacio donde predominan las mezclas y el suso colectivo.
"Existe un afán del poder por controlar el espacio público".
"La ciudad es un lugar de pactos contantes".
"En nuestras ciudades hay muros visible y muros invisibles".
"En los barrios populares hay que ser generos@", "el lujo es justicia".
"La necesidad de los ejes en la ciudad". Ejes culturales, comerciales, etc.
CONCLUSIÓN: Dos desafíos importantes:
1. Eliminar la urbanización sin ciudad y crear (recuperar, revitalizar, repensar) espacio público.
2. Mantener el espacio público dentro de la ciudad, siendo reflejo de la MIXTURA SOCIAL, no de la segregación social.
El origen del URBANISMO: "Ordenar la ciudad para dotar de bienes y servicios a sus ciudadanos, y ser un instrumento de reforma social".
¿Qué es PARTICIPACIÓN? "Crear espacios de negociación de conflictos".
Lima, 20 de agosto de 2014
La conferencia que dio Jordi Borja en la Universidad Católica de Perú se titulaba: ESPACIO PÚBLICO Y CIUDADANÍA.
"La ciudad es el espacio público". El espacio público de nuestras ciudades tiene que estar caracterizado por albergar multitud de funciones, por ser un espacio ordenador y generador de usos, por ser un espacio de carácter físico, social, económico y político (en el que actúa en poder y el antipoder) y por ser un espacio donde predominan las mezclas y el suso colectivo.
"Existe un afán del poder por controlar el espacio público".
"La ciudad es un lugar de pactos contantes".
"En nuestras ciudades hay muros visible y muros invisibles".
"En los barrios populares hay que ser generos@", "el lujo es justicia".
"La necesidad de los ejes en la ciudad". Ejes culturales, comerciales, etc.
CONCLUSIÓN: Dos desafíos importantes:
1. Eliminar la urbanización sin ciudad y crear (recuperar, revitalizar, repensar) espacio público.
2. Mantener el espacio público dentro de la ciudad, siendo reflejo de la MIXTURA SOCIAL, no de la segregación social.
El origen del URBANISMO: "Ordenar la ciudad para dotar de bienes y servicios a sus ciudadanos, y ser un instrumento de reforma social".
¿Qué es PARTICIPACIÓN? "Crear espacios de negociación de conflictos".
EL HÁBITAT Y SU GESTIÓN
En el marco de la Maestría en Hábitat de la Universidad Nacional de Colombia y de la elaboración del Módulo III: Gestión Social del Hábitat del Curso online: Hábitat a escala humano de Arquitectos sin Fronteras, Galicia.
El HÁBITAT como sistema de
relaciones.
El
concepto hábitat ha sido desarrollado principalmente en el campo de estudio de
la biología y adoptado posteriormente en las consideraciones desarrolladas en
la ecología. Posteriormente se amplió el término incluyendo a lo humano y
surgió el concepto de hábitat humano que ha evolucionado en su significado
desde los años 70. De su asimilación como asentamientos humanos y más
concretamente como vivienda, pasó a ser relacionado con la problemática urbana
de las ciudades e incluso a ser un concepto definido como espacialidad de la
sociedad, hasta que en la actualidad ya es visto de una forma más integral.
Ahora el hábitat se entiende no sólo desde su dimensión física, sino también
desde su dimensión política, económica, social y ambiental, e incluso como
condición para crear una ciudadanía[1] que haga posible una
ciudad más democrática (Giraldo, 2004: 31-40). El concepto de hábitat y, en
particular, de gestión del hábitat, se refieren a la búsqueda de soluciones
para la superación de las brechas sociales y de los desequilibrios ambientales
mediante la construcción de nuevas formas de relacionarse los unos con los
otros y con el medio que nos rodea.
En
el estudio del hábitat humano como sistema son pertinentes todas las acciones
humanas que se desarrollan en un territorio pero sobre todo lo son, las
relaciones que se generan. Por lo tanto, el hábitat es un mundo construido y
artificial, compuesto por elementos que interactúan entre sí. El hábitat como
sistema de relaciones está definido por una triada conceptual básica: naturaleza
– sociedad - habitante[2],
cuyas relaciones determinan su estructura o espacialidad. Esta espacialidad
configurada por el sistema hábitat es la representación de una totalidad en
proceso y en movimiento que permite a una sociedad evolucionar y nos permite
aprehender y comprender la realidad en su integridad (Santos, 2000). La
espacialidad del sistema hábitat en base a las relaciones entre sus componentes
puede representarse mediante la coexistencia de tres espacios:
- El
espacio social, como estructura soporte de las relaciones entre la naturaleza
(natural y construida) y la sociedad.
- El
espacio existencial o simbólico, como estructura soporte de las relaciones
entre la naturaleza (natural y construida) y el habitante.
- El
espacio ambiental, como estructura soporte de las relaciones entre la cultura
(emergencia de la relación entre la sociedad y el habitante) y la naturaleza
(natural y construida).
La sociedad que se materializa en la naturaleza, es testigo permanente de la evolución de todas las sociedades y puede ser definida de una manera simple y clara como:
“la
agrupación natural o pactada de personas, que constituyen unidad distinta de
cada uno de sus individuos, con el fin de cumplir, mediante la mutua
cooperación, todos o alguno de los fines de la vida”[3].
Emilio
Roger Ciurana, en sus estudios sobre la teoría de sistemas y la complejidad,
define el carácter procesual de la sociedad y su asimilación como sistema en
constante movimiento (Ciurana, 2001: 4). Una definición del concepto que toma
en cuenta este carácter relacional del término, lo exponen de forma clara y
simple los psicólogos y sociólogos Theodor Adorno y Max Horkheimer de la
siguiente manera:
“Por
sociedad, en el sentido más importante, entendemos una especie de contextura
interhumana en la cual todos dependen de todos; en la cual el todo sólo subsiste
gracias a la unidad de las funciones asumidas por los copartícipes, a cada uno
de los cuales, por principio se le asigna una función; y donde todos los
individuos, a su vez, son determinados en gran medida por la pertenencia al
contexto en su totalidad. El concepto de sociedad, pues, designa más bien las
relaciones entre los elementos y las leyes a las cuales esas relaciones
subyacen, y no a sus elementos y sus descripciones simples”
(Adorno y Horkheimer, 1969: 23).
Respecto
a la concepción del habitante, la
intersubjetividad tanto individual como colectiva, como tercer elemento de la
triada relacional que conforma el hábitat, se asimila al término que Fritjof
Capra denomina como mente (Capra, 2003). Se propone una ampliación radical del
concepto incorporando las
intencionalidades, las sensibilidades y las ideas. Las acciones de los
habitantes no son meros transmisores de los hábitos de actuación socialmente
constituidos sino que es en el habitante donde se producen los cambios en estos
hábitos que posteriormente se exteriorizan socialmente. La dimensión del
habitante es fundamental en la red de interacciones del sistema hábitat como
productor de nuevos modos de vida que aboguen por un desarrollo sostenible y
sustentable. Por lo tanto, son necesarias nuevas prácticas (Guattari, 2000)
para recomponer las subjetividades individuales y colectivas que reivindiquen
la recuperación del habitante como ser con capacidad de ejercer sus derechos y
ser partícipe en la conformación de un hábitat integrado en lo ambiental, lo
social y lo simbólico. Estas nuevas prácticas traducidas en procesos de
conformación y transformación del hábitat definen la gestión social del
hábitat.
El
habitante, por lo tanto, es un agente transformador y creador de significados,
al igual que la sociedad, cuyos
significados acumulados y socialmente aceptados construyen la cultura,
la cual adquiere un sentido primordial como condición de efecto de la relación
entre la existencia social y mental en la naturaleza. Pero la cultura también puede
considerarse como un sistema de relaciones, tal y como Enrique Leff define:
“Toda
organización cultural es un complejo sistema de valores, ideologías,
significados, prácticas productivas y estilos de vida que se han desarrollado a
lo largo de la historia y se especifican en diferentes contextos geográficos y
ecológicos” (Leff, 2004: 74).
La
naturaleza natural y construida que es soportada por el territorio no sólo se
considera como el soporte físico habitado sino también como un escenario de
conflicto, de convivencia y de desarrollo de la vida. Una bonita definición de
territorio que en pocas palabras explica la acción de habitar en él, se expone
en el texto de Noguera:
“Los
territorios son, en el momento en el que significan algo para alguien, es decir,
en el momento en el que un grupo social, una comunidad o un grupo con intereses
comunes, escribe sobre la tierra sus formas de morar”
(Noguera, 2004: 118).
El
límite del sistema hábitat es el que termina en la afectación de las relaciones
del ser humano, como individuo social y cultural, con el territorio que habita
y utiliza para satisfacer sus necesidades. Esto quiere decir que la casa, el
barrio, la ciudad, o la comunidad no son los límites de nuestro hábitat sino
que es un contorno abierto que engloba el territorio que se explota para
posibilitar nuestra satisfacción biológica y existencial. Formamos parte de una
red de relación que va más allá de lo que podemos percibir e incluso entender.
Este desconocimiento y falta de conciencia al respecto es peligroso y ya está
ocasionando graves consecuencias en la vivencia digna de muchos seres humanos y
en el agotamiento y degradación de la naturaleza natural y construida. Tener
claro que nuestras acciones como seres individuales y sociales afectan de dicha
manera es importante en el camino de la
equidad efectiva, de la sostenibilidad y la de sustentabilidad.
[1] La
ciudadanía como “(…) un status, es decir,
un reconocimiento social y jurídico por el cual una persona tiene derechos y
deberes por su pertenencia a una comunidad, en general, de base territorial y
cultural. Los "ciudadanos" son iguales entre ellos, en la teoría no
se puede distinguir entre ciudadanos de primera, de segunda, etc. En el mismo
territorio, sometidos a las mismas leyes, todos deben de ser iguales. La
ciudadanía acepta la diferencia, no la desigualdad. La ciudadanía se origina en
las ciudades, caracterizadas por la densidad, la diversidad, el autogobierno,
las normas no formales de convivencia, la obertura al exterior,... Es decir, la
ciudad es intercambio, comercio y cultura. No es solamente "urbs", es
decir, concentración física de personas y edificios. Es "civitas",
lugar del civismo, o participación en los quehaceres públicos. Es
"polis", lugar de política, de ejercicio de poder”. Borja, Jordi.
La ciudad y la nueva ciudadanía. Conferencia pronunciada en el "Fórum
Europa". Barcelona, junio de 2001.
[2] Este
modelo compuesto de la tríada naturaleza-sociedad-mente se encuentra tratado en
varios autores empleando diferentes términos pero con el mismo sentido.
[3] Diccionario de la
Lengua Española - Vigésima segunda edición. Fuente: http://buscon.rae.es.
La GESTIÓN SOCIAL DEL HÁBITAT como respuesta a un proceso de urbanización desigual.
La GESTIÓN SOCIAL DEL HÁBITAT como respuesta a un proceso de urbanización desigual.
Al
mismo tiempo que la acción del ser humano sobre el territorio está produciendo
el agotamiento de los recursos y alteraciones climáticas, se está produciendo
un proceso acelerado de urbanización que está generando segregación social y
desigualdades en el acceso a un hábitat digno. Según previsiones de las
Naciones Unidas, en los próximos veinte años la mayoría de la población mundial
vivirá en áreas urbanas. Concretamente, en el año 2020 en los países en vías de
desarrollo el número de residentes urbanos se duplicará, alcanzando la cifra de
2 mil millones de ciudadanos, muchos de los cuales vivirán en condiciones de
precariedad habitacional. No hay precedentes en la historia de la humanidad de
un trasvase de población del medio rural al ámbito urbano de estas dimensiones
y, de mantenerse esta tendencia, el mundo se consolidará como un espacio
esencialmente urbano.
La
dinámica urbana está configurando ciudades complejas y heterogéneas donde
conviven diferentes realidades urbanas.
Una de estas realidades es la práctica de auto- producción,
auto-construcción y auto-transformación del espacio urbano que, por su gran
alcance, constituye una modalidad de producción social de ciudad, dinámica y
siempre en proceso de transformación, denominada, entre otras, como
urbanización popular (Duhau, 1998: 9). Este fenómeno, muy generalizado en los
países en desarrollo, se visibiliza en los grandes conglomerados de ladrillo
que van creciendo en las periferias de las ciudades, conformándose como la
arquitectura y el urbanismo en el que convive un gran sector de la
población. La estructura compleja de la
urbanización popular se ha configurado cumpliendo y no cumpliendo los términos
que la modernidad ha promulgado como “planificación-ordenación” (fuera de las
reglas del mercado privado y público) pero no por ello puede ser considerada
como irracional e incorrecta. Esta dinámica urbana se rige por otros parámetros
que, en muchas ocasiones, tienen que ver con el proceso de apropiación que el
poblador desarrolla como auto-productor y auto-transformador de su propio
hábitat. En este camino nace el paradigma de la producción y gestión del
hábitat, que reconoce primero y legitima después, el hábitat de estos sectores
poblacionales, como territorios que tienen potencialidades y limitaciones, para
así combinar esfuerzos, suplir las carencias técnicas y de servicios, y
posibilitar el acceso equitativo a las oportunidades que la vida urbana otorga
a sus habitantes.
Cuando
la sociedad en su conjunto y el habitante en particular es la protagonista del
proceso de configuración, transformación y consolidación de su hábitat,
entendido como casa y entorno cercano; se denomina como “producción social del
hábitat”; y cuando el papel de los habitantes se torna a una participación
continuada y activa durante un proceso concertado en el que se implican otros
actores, se denomina “gestión (de la
producción) social del hábitat”[1].
Una
definición completa de “producción social del hábitat” la expone Enrique Ortiz
de la siguiente forma:
“Por
producción social del hábitat entendemos todos aquellos procesos generadores de
espacios habitables, componentes urbanos y viviendas, que se realizan bajo el
control de autoproductores y otros agentes sociales que operan sin fines
lucrativos. Parte de la conceptualización de la vivienda y el hábitat como
proceso y no como producto terminado; como producto social y cultural y no como
mercancía; como acto de habitar y no como mero objeto de intercambio. Se da
tanto en el ámbito rural como en el urbano e implica diferentes niveles de
participación social en las diversas fases del proceso habitacional:
planeación, construcción, distribución, uso.
Los
procesos de producción social de vivienda y otros componentes del hábitat pueden
tener origen en las propias familias actuando individualmente, en grupos organizados
informales, en empresas sociales como las cooperativas y asociaciones de
vivienda, o en las ONG, los gremios profesionales e incluso las instituciones
de beneficencia que atienden emergencias y grupos vulnerables. Las modalidades
autogestionarias incluyen desde la autoproducción individual espontánea de
vivienda hasta la colectiva que implica un alto nivel organizativo de los
participantes y, en muchos casos, procesos complejos de producción y gestión de
otros componentes del hábitat. Se trata, de un fenómeno que presenta múltiples
variantes productivas que van desde el mejoramiento y ampliación de viviendas
existentes y la producción de nuevas viviendas hasta el mejoramiento barrial y
la producción y gestión de grandes conjuntos urbanos” (Ortiz, 2008: 31, 32).
Y de “gestión “participativa del hábitat”:
“Por
gestión participativa del hábitat entendemos la acción consciente y responsable
de la comunidad organizada en la administración, mantenimiento, uso y
mejoramiento de los espacios públicos y de los equipamientos colectivos.
Implica la interacción corresponsable con los organismos públicos encargados de
proporcionar los servicios y una amplia participación en las decisiones
referentes a la planeación y ejecución de nuevos proyectos y actividades
destinadas a mantener y mejorar la calidad de vida del colectivo. Contempla
también la formación permanente de sus integrantes, la organización de
actividades culturales y deportivas, el desarrollo y administración de
proyectos productivos y ambientales, la realización conjunta de actividades
colectivas que garanticen la convivencia, la seguridad y el desarrollo personal
y comunitario de todos los integrantes de la comunidad y su vinculación
solidaria y activa con otras comunidades y con su entorno social”[2].
Y, según
Víctor Saúl Pelli, la gestión “participativa y concertada de la producción” del
hábitat se desarrolla “(…) mediante
mecanismos de trabajo por consensos y/o acuerdo, instancias de convergencia de
todos los principales actores involucrados, principalmente los habitantes,
mecanismos aceptados y adoptados como única fuente admitida de decisiones
conceptuales sobre las acciones a emprender”[3].
Por lo tanto, en un contexto de ciudades
desiguales y sumergidas en un proceso de urbanización descontrolado, los procesos de gestión y planificación del
hábitat deben asimilar la necesidad de un
cambio de estrategias de acción con un carácter más participativo e inclusivo
de todos los actores, e implementar
en su dimensión funcional e instrumental más directa, acciones que reconozcan su
complejidad; diseñando, formulando y
ejecutando políticas específicas, diferenciadas e integradas con respecto al
hábitat. La óptica de la participación en la gestión del hábitat implica que las acciones tienen que estar dirigidas a disminuir la
brecha social, a considerar la relación de la ciudad con el territorio que la
soporta y rodea, y a garantizar una calidad de vida adecuada
para todos y todas. La gestión
del hábitat configura un tejido de relaciones entre los distintos actores
involucrados, lo que la convierte en una producción social y a la vez, política,
marcadas por asimetrías sociales y de poder en tanto suponen decisiones
individuales y colectivas.
[1] Tal y como el experto
en la materia Víctor Saúl Pelli lo denomina.
[2]
Revista Hábitat y Sociedad HYS01. “Derecho a la ciudad, producción social y
gestión participativa del hábitat”. Enrique Ortiz. P. 59 (transcripción
de la conferencia internacional –con el mismo título- sobre urbanización y
desarrollo comunitario en China en la globalización. Shangai, China, junio de
2009).
[3]
Revista Hábitat y Sociedad HYS01. “La
gestión de la Producción social del hábitat”. Víctor Saúl Pelli. P. 51 (transcripción de la
conferencia inaugural del Máster en Gestión Social del Hábitat. Universidad de
Sevilla, 12 de marzo de 2008).
Fotografía: EL CAMPO DE CEBADA es una
iniciativa de los vecinos y vecinas del Distrito Centro de Madrid asociados
para incentivar el uso temporal del solar del derribado polideportivo de la
Latina con actividades de tipo deportivas, culturales, sociales y lúdicas
durante el tiempo en el que las obras previstas para su nuevo uso urbanístico
no se lleven a cabo. Fuente: http://elcampodecebada.org
Fotografía: Vista parcial del AAHH La
Gruta, Distrito San Juan de Lurigancho en Lima (2011). El proceso de invasión y
de autoconstrucción del Asentamiento Humano La Gruta en el año 1994 es un
ejemplo de la modalidad más común de generación de estructura urbana no-formal
en las grandes ciudades latinoamericanas. Fuente: María Eugenia Lacarra.
El 2 de marzo de 1994, 200 personas
invadieron una ladera libre de un cerro pedregoso de propiedad estatal y se
organizaron en grupos para vigilar e impedir que les pudieran echar. Cada
familia escogió un lugar y empezó a armar su choza con esteras, palos de madera
y plástico. El estado de ilegalidad era reconocido por todos los pobladores por
lo que a las pocas semanas comenzaron las gestiones pertinentes frente a la
Municipalidad. Poco a poco las familias iban acumulando piedras, arena,
ladrillos, además de ir configurando toda una red social. No tenían redes
urbanas, el agua venía por los camiones cisterna, se enganchaban a la red
eléctrica de otras zonas y quemaban sus basuras o las echaban a en lo alto de
los cerros. En 1998 empezó el proceso de lotización y de legalización. La
electricidad llegó en el año 2003 y las redes de agua y desagüe en el año 2008.
A lo largo de los años se han realizado diversas obras de habilitación y de
mejoramiento del barrio (dotación educativa, muros de contención y escaleras)
por parte del Estado, pero el 20% del coste y la mano de obra lo han tenido que
aportar los propios pobladores. La morfología de esta zona es en pendiente por
lo que las dificultades para configurar una trama urbana han sido mayores que
en la zona plana ya ocupada. En estos momentos hay marcados 244 lotes y viven
más de 5.000 personas. La movilización de la comunidad no tiene el nivel de los
primeros años pero todavía queda un remanente importante de líderes y lideresas
que luchan por conseguir un entorno urbano y ambiental adecuado. Semanalmente,
los dirigentes de los diferentes asentamientos se reúnen y deciden las
actuaciones prioritarias para buscar, entre las diferentes instancias estatales
y privadas, el apoyo necesario para poder llevarlas a cabo. Esto se ejecuta en
un contexto en el que, después de muchas movilizaciones, se consiguió la
aprobación de un proyecto de Ley en el Congreso de la República que aprobaba la
acción directa de los AAHH en la formulación, búsqueda de financiación y
ejecución de sus propios proyectos (Ley 085 del 28 de julio de 2009).
Fotografía: Vista general del barrio
Caracolí, Localidad de Ciudad Bolívar en Bogotá (2011). El proceso de urbanización
clandestina y de autoconstrucción del Barrio Caracolí es un ejemplo de la
modalidad más común de generación de estructura urbana no-formal en Colombia. Fuente:
María Eugenia Lacarra.
La llegada de los primeros pobladores
fue a principios de la los años noventa y durante toda la década el poblamiento
y la consolidación se produjo rápidamente. Es una zona que ha estado abandonada
por la atención estatal a pesar de su progresivo crecimiento urbano y presenta
uno de los índices de marginalidad más altos de toda la localidad. Las
condiciones iniciales de precariedad impulsaron a la población a organizarse,
nombrando un líder por cada cuadra e iniciando las primeras acciones de mejora
en el barrio. Se colocaron mangueras comunitarias que llegaban a cada casa (cada
tres días llegaba una hora o dos de agua), se construyó una red artesanal de
desagüe con tubos de gres que iba a parar a la parte baja del barrio, se
reservó un espacio para parque público y se empezaron a abrir, rellenar y
aplanar las vías principales para permitir una mejor conexión con el resto de
la ciudad y la llegada de los vehículos.
En 1996 la Energía Eléctrica de Bogotá-Codensa instaló un transformador en el
barrio y empezó a dar el servicio eléctrico. En los dos años posteriores se
adecuó el espacio del parque comunitario, se instaló una losa deportiva y se
construyó una escuela de educación primaria y un comedor comunal, todo ello con
aporte y trabajo activo de la comunidad. La adecuación de las vías ya permitía
la entrada del camión de recogida de basuras y permitió el incremento de
compañías de transporte que accedían al barrio. El gas natural y el alumbrado
público a todo el asentamiento llegaron a finales del año 2007, cuando la
legalización ya estaba vigente y en el año 2009 llegó la red de agua potable,
tras muchas peleas y reivindicaciones por parte de la comunidad. En el año
2011 las vías no estaban pavimentadas,
no había títulos de propiedad, ni red de alcantarillado.
Experiencias de gestión social del
hábitat.
A
continuación se presentan tres experiencias que aportan diferentes visiones y
metodologías de desarrollo de procesos de gestión social del hábitat. El
Programa BarrioMío de la Municipalidad de Lima Metropolitana es un ejemplo de
mejoramiento de barrios periféricos con una visión de ciudad integral e
inclusiva; las acciones de Arquitectura Expandida en Bogotá nos acerca a un
modelo de autogestión y construcción colectiva (física y social) del
territorio; y el Programa Europeo URBACT nos muestra cómo pueden ejecutarse
proyectos de desarrollo urbano sostenible a escala local en colaboración e
intercambio con redes a escala global.
Programa BarrioMío, Municipalidad
de Lima Metropolitana[1]
BarrioMío
es un programa que lleva infraestructura y servicios a los barrios más humildes
de la ciudad a través del desarrollo de un proceso participativo con las
comunidades beneficiarias. Las acciones llevadas a cabo incluyen la
construcción de muros, escaleras, pistas, veredas, parques, plazas,
polideportivos, centros comunales, bibliotecas, y la arborización de laderas.
BarrioMío funciona en base a dos principios: planificación y participación.
Las obras no son proyectos aislados sino que son planificadas de manera
integrada para que sean complementarias entre sí. La planificación ayuda a ser
más eficientes y efectivos, facilitando la programación de las inversiones en
el largo plazo para que cada barrio sepa qué va a hacer la Municipalidad ahí
cada año. Más importante aún, toda esta planificación se hace con la
participación activa de los vecinos y vecinas del barrio, incluyendo a niños y
niñas, y adultos mayores. Son ellos los que mejor saben qué es lo que necesitan
y quienes están llamados a cuidar y mantener estas obras.
BarrioMío
es un programa que tiene dos socios: la Municipalidad de Lima y la población,
y cada uno debe hacer su parte. La Municipalidad pone la inversión pública y un equipo de trabajo multidisciplinar
formado por arquitectos, ingenieros, estimadores de riesgo, sociólogos,
comunicadores, artistas y promotores sociales; y la población realiza labores
complementarias para alcanzar los objetivos trazados. Si se plantan árboles,
los vecinos tienen que mantenerlos; si se hacen muros de contención, los
vecinos tienen que reforzar sus piedras; o si se hacen pistas, los vecinos deben
gestionar que no haya invasiones en el derecho de vía. BarrioMío solo ejecuta
las obras ahí donde la comunidad ha sido capaz de organizarse para cumplir su
parte.
El
contexto físico en el que trabaja BarrioMío son las laderas de la periferia
urbana, caracterizadas por su inestabilidad frente al sismo y su precariedad
física. Lima ya no es una ciudad plana ya que a partir de los años 80 se produjo
una nueva ola de migración de población proveniente de las provincias del
interior del país y, por la falta de planificación urbanística y de políticas
de planeamiento, esta población se asentó en las zonas en pendiente. En estas
áreas se ubican actualmente un aproximado de 3,800 asentamientos humanos (AA.HH.)
que agrupan a cerca de tres millones de personas, quienes viven en situaciones
de alta vulnerabilidad y pobreza, con condiciones de habitabilidad, acceso al
agua potable, vivienda y sanidad que resultan indignas. La mayoría de viviendas
son construcciones vulnerables que se encuentran en zonas que resultan ser
potenciales focos de desastres.
El
Programa desarrolla dos componentes: la infraestructura y los servicios, los
que se proponen y articulan desde los tres ejes de intervención que
avanzan de forma paralela para lograr un impacto integral en la calidad de vida
de la población:
i. Proyectos para Mitigación de Riesgos en Laderas: Hay cerca de un millón de personas viviendo en laderas de alto riesgo en Lima, quienes requieren con urgencia infraestructura de accesibilidad y mitigación de riesgos para prevenir desastres en caso de un sismo mayor. Los proyectos se priorizan con el fin de dotar a las laderas más vulnerables de un sistema de contención que facilite la generación de vías de acceso y evacuación, a la vez que se mejora la articulación de los espacios de uso público y las zonas seguras de los barrios. Asimismo, todas las obras vienen con proyectos de arborización que contribuyen a mejorar la contención en las laderas y a ofrecer una vida más saludable a sus habitantes. Además, antes de la ejecución de las obras, se de organizar y pautar el actuar de la población antes, durante y después de un desastre, sumado a acciones complementarias de trabajo comunitario para la mitigación y el mejoramiento del barrio a escala micro (calle, espacio público y borde urbano de ladera).
ii. Proyectos Urbanos Integrales (PUI): Los muros y escaleras son urgentes pero insuficientes. Por ello BarrioMío ha iniciado la elaboración de los PUI, los cuales generan planes estratégicos de intervención para el desarrollo integral de los barrios. Estos se elaboran con la población en un intenso proceso participativo acompañado por un equipo multidisciplinar de profesionales que brinda el soporte técnico y metodológico para garantizar proyectos de calidad en infraestructura, servicios e iniciativas de acción conjunta.
Los PUI se desarrollan en cinco pasos:
iii. Eje transversal: Soporte Territorial y Acompañamiento Social:
Si bien los dos proyectos anteriores se concentran en la inversión en infraestructura, ellos permiten contar con diagnósticos muy específicos de las necesidades de cada barrio. En base a esto, y a las redes organizativas y participativas generadas en torno a las obras, BarrioMío trabaja con otras entidades de la municipalidad para implementar programas de servicios que atiendan las distintas necesidades de cada barrio. De este modo, un equipo de profesionales desempeña un rol de acompañamiento y soporte social permanente con las poblaciones, siendo un canal para la comunicación e información entre ciudadanos y el municipio, creando un espacio de confianza para el desarrollo de las actividades, proyectos e iniciativas en las diferentes zonas de intervención.
i. Proyectos para Mitigación de Riesgos en Laderas: Hay cerca de un millón de personas viviendo en laderas de alto riesgo en Lima, quienes requieren con urgencia infraestructura de accesibilidad y mitigación de riesgos para prevenir desastres en caso de un sismo mayor. Los proyectos se priorizan con el fin de dotar a las laderas más vulnerables de un sistema de contención que facilite la generación de vías de acceso y evacuación, a la vez que se mejora la articulación de los espacios de uso público y las zonas seguras de los barrios. Asimismo, todas las obras vienen con proyectos de arborización que contribuyen a mejorar la contención en las laderas y a ofrecer una vida más saludable a sus habitantes. Además, antes de la ejecución de las obras, se de organizar y pautar el actuar de la población antes, durante y después de un desastre, sumado a acciones complementarias de trabajo comunitario para la mitigación y el mejoramiento del barrio a escala micro (calle, espacio público y borde urbano de ladera).
ii. Proyectos Urbanos Integrales (PUI): Los muros y escaleras son urgentes pero insuficientes. Por ello BarrioMío ha iniciado la elaboración de los PUI, los cuales generan planes estratégicos de intervención para el desarrollo integral de los barrios. Estos se elaboran con la población en un intenso proceso participativo acompañado por un equipo multidisciplinar de profesionales que brinda el soporte técnico y metodológico para garantizar proyectos de calidad en infraestructura, servicios e iniciativas de acción conjunta.
Los PUI se desarrollan en cinco pasos:
- Realización un diagnóstico participativo integral del barrio.
- Elaboración del plan integral, también con participación de la población, a partir de un concepto macro que propone el equipo técnico.
- Validación del plan y de la programación de las inversiones para un plazo de cinco años.
- Formalización de los compromisos con la población: la Municipalidad se compromete a invertir una cantidad de recursos cada año y la población se compromete al mantenimiento de las obras, a realizar algunas acciones complementarias y a participar en programas y servicios de salud, seguridad, capacitación laboral, entre otros.
- Formulación y ejecución de las obras y programa.
iii. Eje transversal: Soporte Territorial y Acompañamiento Social:
Si bien los dos proyectos anteriores se concentran en la inversión en infraestructura, ellos permiten contar con diagnósticos muy específicos de las necesidades de cada barrio. En base a esto, y a las redes organizativas y participativas generadas en torno a las obras, BarrioMío trabaja con otras entidades de la municipalidad para implementar programas de servicios que atiendan las distintas necesidades de cada barrio. De este modo, un equipo de profesionales desempeña un rol de acompañamiento y soporte social permanente con las poblaciones, siendo un canal para la comunicación e información entre ciudadanos y el municipio, creando un espacio de confianza para el desarrollo de las actividades, proyectos e iniciativas en las diferentes zonas de intervención.
En
resumen, BarrioMio propone forjar una nueva relación entre la población de los
Barrios Populares de Lima y el Estado donde ambos asuman roles en la gestión del
hábitat y compromisos en la acción para, con ello, colaborar en la generación
de ciudadanos capaces de ser agentes de cambio de su propio desarrollo.
[1]
Referencia basada en aporte documental de los profesionales que trabajan en
BarrioMío.
Arquitectura Expandida en Bogotá [1]
Frente
a una serie de tendencias disciplinares totalizadoras, así como frente a las
políticas homogéneas para contextos heterogéneos que se imponen excluyendo
directamente a un gran sector de los ciudadanos en su derecho a la ciudad, nace
Arquitectura Expandida (AXP), un
colectivo que cree en la necesidad de transformar las estructuras urbanas y los
lazos comunitarios en agentes activos de cultura, ciudadanía e inclusión. Desde
el 2010, AXP aparece en la escena urbana local de Bogotá con un formato de
Encuentro Independiente ( Encuentros de Arquitectura Expandida – EAE )
que, con el apoyo de la Consejería Cultural de la Embajada de España en
Colombia y el arduo trabajo de un equipo interdisciplinar comprometido con la
transformación social y urbana desde la base, logran consolidar un interesante
espacio de discusión y acción, así como una mirada fresca e innovadora en los
procesos de gestión del hábitat.
Estos
Encuentros son la excusa, la plataforma
y el caldo de cultivo para reforzar el trabajo en red entre organizaciones
sociales y culturales de diversas localidades de Bogotá, colectivos y
ciudadanos interesados en lo que han denominado como AUTO-CONSTRUCCIÓN
COLECTIVA -SOCIAL Y FÍSICA- DEL TERRITORIO, además de ser un espacio-pretexto
para CONSPIRAR en torno a la elaboración de estrategias y herramientas
reivindicadoras del DERECHO A LA CIUDAD.
AXP
no se definen como una comunidad, sino como un COLECTIVO[2], una
nuevo agente social en auge que trabaja en pro de un objetivo común mediante
sistemas de autogestión que multiplican las posibilidades en un contexto de
crisis económica, de forma conectada y colaborativa sumando las inteligencias
en un contexto de dicotomía entre la academia, la cultura arquitectónica y la
realidad. Cada proyecto en el
que participan es parte de un proceso investigativo más amplio, un
microlaboratorio para la experimentación urbana y social que se
expande desde pequeñas acciones temporales en el espacio público, pasando
por el apoyo en infraestructura física para la consolidación de redes
culturales comunitarias, hasta la posibilidad de dinamizar procesos de mayor
escala[3]. Hay dos
proyectos esenciales para el desarrollo y evolución de AXP como miembros
activos de un movimiento ciudadano que exige que la ordenación, dotación y
construcción del territorio urbano en toda su extensión sea incluyente,
participativa y consensuada, que las infraestructuras físicas para la cultura y
el juego en los barrios de origen informal dejen de ser inversamente
proporcionales a la multitud de dinámicas culturales, artísticas y deportivas
que pululan en la “periferia”: la ampliación de una biblioteca comunitaria con
una estructura de guadua -La Casa Del Viento[4]-, y la
nueva construcción de un salón cultural en un barrio informal de la franja de
protección medioambiental de los cerros de Bogotá -La Casa De Lluvia[5]-; proyectos
logrados en conjunto y en apoyo a la red de bibliotecas comunitarias de la
localidad de San Cristóbal, ambos dirigidos al fortalecimiento infraestructural
y por ende al funcionamiento de esta Organización cultural que cuenta con más
de 20 bibliotecas a lo largo y ancho de la localidad y varias en proceso de
consolidación.
Tras
sus experiencias han elaborado un listado de tácticas de activación territorial
o principios de pensamiento y acción, que son aplicables a muchos procesos de
gestión participativa y consensuada del hábitat:
1. Autoconstrucción
como forma de autogestión política, social y cultural del territorio.
“El derecho a la ciudad no es
simplemente el derecho de acceso a lo que ya existe, sino el derecho a
cambiarlo según nuestros anhelos más íntimos”[6].
“El derecho a rehacernos a nosotros mismos, creando un entorno urbano
cualitativamente diferente es el más preciado de todos los derechos humanos”[7].
2. La
cultura como dispositivo de ordenación territorial.
3. Colectividad
como terreno de intercambio de conocimiento en base a lo vivencial y la fiesta
como estrategia para anular diferencias “identitarias”.
“La comunidad se presenta como una
unidad social severamente jerarquizada (…) Lo colectivo se asocia con la idea
de reunión de individuos que toman conciencia de lo conveniente de su
copresencia y la asumen como medio para obtener un fin (…) La comunidad se
funda en la comunión; la colectividad, en cambio, se organiza en torno a la
comunicación (…) Si la comunidad exige coherencia, lo que necesita y produce
toda colectividad es cohesión. (…) La fiesta puede anular las diferencias y hacer que, de pronto, aparezca
no importa qué unidad” (Delgado: 2008).
4.
Reconocimiento y
consolidación de la colectividad.
“Un movimiento
social ha de ser considerado un actor político colectivo de carácter
movilizador y, por tanto, espacio de participación, que persigue objetivos de
cambio a través de acciones no convencionales; para ello, actúa con un alto
nivel de integración simbólica y un bajo nivel de especificación de roles, a la
vez que se nutre de formas de organización variables”[8]
5.
Participación y
ruptura de la máquina del consenso. El conflicto urbano como herramienta.
“En vez de tratar de establecer o sostener
denominadores comunes del consenso, es preciso entrar en situaciones existentes
o proyectos, instigando deliberadamente conflictos (…) estimulando debates
alternativos y especulaciones. Con el acto de enfrentarse al mundo con una
relectura de la realidad existente se borda la “ruptura de la máquina del
consenso” (Miessen, 2009: 34).
6.
Pedagogías,
cultura, memoria y territorio.
“Es preciso retomar la dimensión política y
social que tiene la educación, más allá de una mera transmisión de
conocimientos”. No se trata de encontrar las identidades centrales de cada
grupo, sino precisamente sus paradojas y contradicciones que vienen dadas por
el cruce de las relaciones”[9].
7. Derecho
a la ciudad bella y representativa. Intervenciones del alto contenido
simbólico.
“Derecho a la belleza (…). A la ciudad bella
y representativa. A sentirse orgullosos del lugar donde se viene (…)”. “Cuanto
más contenido social tiene un proyecto urbano, más importante son la forma, e
diseño, la calidad de los materiales… la estética del espacio público es ética”
(Borja, 2003: 77-83).
8.
Activación a través de:
-
Acciones de comunicación territorial.
“Ser visto y reconocido por los otros es una condición
de ciudadanía” (Borja, 2003: 77)
- Dispositivos
urbanos de consenso.
- Dispositivos
de consolidación física progresiva a medida de que se va produciendo la
consolidación social (referido a las intervenciones en el espacio público que
necesitan tiempo para convertirse en espacios de respeto por todos los actores
del espacio urbano).
-
Dispositivos efímeros de amplificación del espacio público[10].
- El
trabajo en grupos y redes.
“El trabajo en red como un forma múltiple de
pedagogía: de la comunicación a la distribución nodal del conocimiento cultural”[11].
Según
la experiencia presentada de AXP se puede decir que la gestión social del
hábitat es una estrategia para dar poder a sectores que han sido
tradicionalmente excluidos institucionalmente de participar en la creación de
una nueva sociedad, que se desarrollada a través de acciones de apropiación
colectiva del espacio.
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Fotografía1: Autoconstrucción colectiva
del Proyecto Casa de la Lluvia [de ideas] (2012-2013). Fotografías 2: ampliación
de una biblioteca comunitaria, Proyecto La Casa del Viento(2011).
Fotografía 3: Proyecto AFTER: reutilización social de
dispositivos creados para eventos efímeros (2011-2012). Fotografía 4: Resignificación de un
espacio deportivo en desuso, Proyecto Alaska (2010). Fotografía 5: Proyecto
habilitación, significación simbólica y expansión
cultural de una biblioteca comunitaria (2013).
Fuente: AXP.
|
[1]
Referencia basada en:
- Artículo en la Revista I. Letrada: http://i.letrada.co/n14/articulo/la-red/14/no-somo-una-comunidad-somo-un-colectivo-axp
[2] El
trabajo en construcción colectiva de la ciudad no es una práctica aislada. A
escala global son cada vez son más los colectivos que, con principios
voluntariamente alejados de dogmas académicos, rentabilidades comerciales y
burocracias administrativas, deciden implicarse en territorios políticos,
sociales, legales, efímeros o educativos con el fin de adquirir conocimientos
que les permitirán proseguir sus investigaciones sobre derechos humanos,
participación con la comunidad, diseño de políticas, ética de planificación,
intervenciones espaciales o apropiación temporal de estructuras urbanas,
permitiéndoles realizar cambios reales a pequeña escala (Miessen: 2011,
273-289).
[3] El
trabajo de AXP se basa en:
- Pequeñas
acciones esporádicas y colectivas en el espacio público a través del arte
(música, video, graffiti) que tienen como objetivo la activación de un callejón, un parque, un andén como
escenarios culturales.
- Intervenciones
urbanas en una escala intermedia, donde a través de intensas jornadas de
talleres de diseño participativo, autoconstrucción y activación cultural
se han ejecutado proyectos como la resignificación de un espacio
deportivo en desuso - Alasaka Parque Comunal-
y , la consolidación de un espacio escénico al aire libre cuya ocupación y
uso ya venían dándose de forma espontánea -El Dorado Se Mueve, El
Dorado Es Aquí (http://vimeo.com/31398090)-.
Ambos proyectos, fruto de la movilización y participación de redes de trabajo
tanto en la Localidad de Usme como en Santa Fe en Bogotá.
[6] Park, Robert. 1967. On Social Control and
Collective Behavior, Chicago. Citado en el artículo:
Derecho a la ciudad de David Harvey.
[7]
Artículo: Derecho a la ciudad de David Harvey.
[8] Parramón, Ramón. Acciones
reversibles en proceso. Artículo en: Acciones Reversibles. Arte, educación y
territorio. Editado por el Centro de Arte contemporáneo de Vic y Eumo
editorial, 2009 - P. 14.
[9]
Rodrigo, Javier, Ramón. El trabajo en red
y las pedagogías colectivas: retos para una producción cultural. Artículo
en: Acciones Reversibles. Arte, educación
y territorio. Editado por el Centro de Arte contemporáneo de Vic y Eumo
editorial. 2009 - P. 251.
[10] En
el primer manifiesto de arquitectura móvil, escrito en 1958 por Yona Friedman
se proponían estrategias y acciones para adaptar la creación arquitectónica a
las necesidades del usuario en lo referente a la movilidad social y física.
[11] Rodrigo, Javier,
Ramón. El trabajo en red y las pedagogías
colectivas: retos para una producción cultural. Artículo en: Acciones Reversibles. Arte, educación y territorio.
Editado por el Centro de Arte contemporáneo de Vic y Eumo editorial. 2009 - P. 34.
URBACT
es un programa europeo de intercambio y aprendizaje creado en el año 2002 que
promueve el desarrollo urbano sostenible, del que forman parte 29 países, 300
ciudades y más de 7.000 participantes. Permite que los habitantes y
profesionales involucrados en el desarrollo de políticas urbanas de las
ciudades partícipes trabajen juntos con el fin de desarrollar soluciones a los
grandes retos urbanos de hoy en día, reafirmando, por lo tanto, el papel
fundamental de la ciudadanía frente a los cambios sociales y ambientales cada
vez más complejos e interrelacionados. URBACT apoya a las ciudades y a sus
ciudadanos a interconectarse, a buscar y compartir lecciones aprendidas y
buenas prácticas, y a promover acciones novedosas, sostenibles e integrales que tengan en cuenta su
incidencia en las dimensiones económica, social y medioambiental.
A
nivel local, el programa URBACT propone dos figuras clave que ayudan a engranar
la colaboración transnacional y la transferencia de experiencia entre las
ciudades con un proyecto participativo, realista y operativo a nivel local en
cada una de ellas:
- El Grupo de Apoyo Local (Local Support Group-LSG): Reúne
en un mismo foro a las partes interesadas o afectadas por el tema del proyecto
a nivel local: organismos públicos, asociaciones y
colectivos privados, entidades académicas o personas individuales que tienen
interés i/o competencias en los resultados del proyecto. Por ejemplo, hablando
del proyecto URBACT Markets, los
agentes relacionados o grupos de interés serían éstos para
la ciudad de Barcelona. Estos grupos se proponen como espacios para la
elaboración participativa de una estrategia local que permita llevar a la
realidad las intenciones del proyecto. Por lo tanto, con los Grupos de Apoyo
Local se promueve una forma más consensuada, dinámica y policéntrica en la toma
de decisiones por parte de los organismos públicos, con el objetivo de
conseguir un mayor consenso, conocimiento y co-participación de todos los
grupos de interés vinculados en el desarrollo de una planificación e
implementación de acciones concretas.
- El Plan de Acción Local: Es un documento que define un enfoque
estratégico para implementar en la ciudad mejoras relacionadas con el
tema del proyecto, aprendidas en la red transnacional. No tiene una traducción
legal directa, es un marco estratégico, de referencia, que luego cada ciudad
adaptará a sus modelos de acción, sirviendo tanto para la transmisión de
conocimiento como para la definición de políticas, criterios y objetivos para
el desarrollo local.
En
España ya hay 27 ciudades miembros: Albacete, Alicante, Almería, Alzira, Avilés, Barakaldo, Barcelona, Bilbao, Castellón, Ciudad Real, Enguera, Gijón, Girona, Igualada, Madrid, Málaga, Manresa, L’hospitalet De Llobregat, Legazpi, Ourense, Santiago De Compostela, Sevilla, Torrent, Valencia, Vitoria-Gasteiz, Xátiva, Yecla y Zaragoza.
URBACT Markets: Barcelona
El
objetivo del proyecto URBACT markets es explorar y desarrollar el papel que los
mercados locales desempeñan en nuestras ciudades y barrios, en términos
económicos, urbanísticos, turísticos y sociales, así como su contribución a la
sostenibilidad urbana y calidad de vida de los ciudadanos. El proyecto trata de
poner al día los mercados y la política de comercio urbano de las ciudades para
adaptarlos a los retos del S.XXI. Para hacerlo, se estudian en profundidad tres
áreas, cada una de las cuales incorporará propuestas concretas y buenas prácticas
que se podrán adaptar a otras ciudades:
- ¿Cómo
se pueden utilizar los mercados como instrumento de regeneración de ciudades y
barrios concretos? Que incluirá la construcción/remodelación de mercados y su
vertebración en las áreas comerciales de la ciudad; mercados como elementos de
planificación, transformación urbanística y vertebradores del barrio; y planificación
de nuevos servicios para los vecinos.
- ¿Cómo
pueden los mercados mejorar la sostenibilidad y la calidad de vida de los
ciudadanos? Fomento del comercio de proximidad, la movilidad y reducción del
tráfico urbano; promoción del producto local, fresco y de temporada y de los
hábitos alimentarios saludables; actividades para la dinamización de la vida
social del barrio; mejora de fomento de la interrelación campo-ciudad a través
de iniciativas como los mercados de agricultores, KM0, productos tradicionales
y artesanales.
- ¿Cómo
potenciar los mercados para que generen crecimiento económico y ocupación?
Métodos para mejorar su atractivo comercial y adaptarlos a los nuevos usos de
los consumidores (horarios, gustos); mercados y turismo; introducción de nuevas
tecnologías, formación de los vendedores; campañas de comunicación y promoción.
Cada
una de estas áreas de estudio está liderada por una ciudad (Barcelona, Londres
y Torino respectivamente), las cuales, con la colaboración de las demás
ciudades (Attica, Dublín, Pecs, Plovdiv, Suceava, Tououse y Wroclaw) y de una
red de expertos, están identificando las nuevas tendencias así como propuestas
concretas y buenas prácticas que se puedan adaptar a otras ciudades. Por lo
tanto, cada ciudad desarrolla un análisis completo de estos temas para definir,
mediante un proceso participativo, un Plan de Acción Local, es decir, un plan
de futuro para el desarrollo de la ciudad considerando los mercados como
centros y motores de estas transformaciones.
Los
integrantes de los LSG son escogidos por cada socio del proyecto. Una de las
claves de URBAN Markets es que se procuró que los socios del proyecto fueran
las entidades competentes del área de mercados y comercio (en algunas ciudades
estos forman parte del departamento de urbanismo, promoción económica o
turismo), y por tanto sus conocimientos técnicos y específicos sobre el tema
ayudan mucho a identificar los grupos de apoyo involucrados en cada área. Por
otro lado, el coordinador de los LSG de cada ciudad tiene entre sus funciones
velar por una composición dinámica de los mismos, identificando e invitando
aquellas personas o grupos de interés que deberían integrarse provisionalmente
en las discusiones. Para todos aquellos que no se consideran esenciales, no se
les invita a las reuniones presenciales (las cuales tienen que ser operativas),
pero se les inscribe en una “mailing list” y se les envían todos los documentos
de avance para que hagan sus aportaciones sobre el texto.
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Fotografías 2: Diagrama de stakeholders. Fuente: http://ecosistemaurbano.org/tag/urbact-markets/
|
Red Temática URBACT, Ciudades
por la Alimentación Sostenible: Ourense
Ourense
es una ciudad tradicionalmente afectada por dos problemas fundamentales que
generan diversas consecuencias para sus ciudadanos: una estructura demográfica
definida por un proceso de envejecimiento pronunciado y una tendencia migratoria
centrada, especialmente, en la población joven. La actual crisis económica
mundial y nacional ha incrementado notablemente la tasa de desempleo (26%) que es
especialmente alarmante en los jóvenes (53%). Teniendo en cuenta lo expuesto,
se han detectado posibles caminos a desarrollar y en los que trabajar que
pueden dar respuesta a dos situaciones problemáticas de la ciudad:
1. Un
comercio local deprimido que, tradicionalmente, ha sido el agente económico
más importante de Ourense. En la actualidad se demandan acciones de
revitalización con el fin de estimular y garantizar su viabilidad económica. La
ciudad cuenta con dos grandes mercados tradicionales que concentran alrededor
de 80 pequeñas tiendas y un importante mercado de productos agrícolas en donde pequeños
productores locales venden sus excedentes agrícolas directamente al público. Es
un canal de distribución tradicional a nivel local llamado rianxo y
habitualmente desarrollar por las mujeres (rianxeiras). Estos mercados han ido
perdiendo las ventas en las últimas décadas debido a los cambios en los hábitos
de consumo y la implantación progresiva de los grandes supermercados
centralizados. Con la intención de revertir este proceso, el Concello de
Ourense como parte de la Red Temática URBACT II de las denominadas Ciudades por
la Alimentación Sostenible[2],
está actualmente involucrado en proyectos de reforma de dichas infraestructuras,
así como apoyando la regeneración de su actividad económica mediante el
desarrollo de campañas de difusión y sensibilización. Desde las instituciones y
grupo de ciudadanos hay un compromiso por la promoción del comercio y del
consumo de alimentos ecológicos (productos orgánicos, locales y de temporada) que
proporcionará a los minoristas una ventaja competitiva importante.
2.
El despoblamiento progresivo de las zonas rurales periurbanas y abandono de los
campos de cultivo. Ourense tiene una importante zona de rural periurbana cuyos
pequeños pueblos están sufriendo un importante proceso de despoblación, con el
consiguiente abandono de las tierras de cultivo aledañas que se están
convirtiendo en tierras improductivas. Lo mismo ocurre con el parque de
viviendas existente que ha estado sufriendo de abandono y desinterés durante
años, quedándose en estado de runa, deshabitadas y sin un mantenimiento
adecuado. En este sentido, existe el riego de perder muestras de la
arquitectura tradicional, lo que significa la pérdida de un importante patrimonio
cultural y urbano. También como parte de la Red Temática URBACT II, las
instituciones locales están trabajando en posibilitar que estas áreas
subutilizadas puedan ser reconstruidas por nuevos pobladores jóvenes, reconvertidos
en pequeños productores hortícolas que suministrarán a la ciudad de productos
locales sostenibles. Esto no sólo favorece la creación de nuevas empresas y
puestos de trabajo, sino también apoya y refuerza a las comunidades rurales ya
existentes.
Ourense
se convierte, de esta forma, en la única ciudad española que forma parte del
proyecto europeo que lidera Bruselas (Bélgica), y en el que participan otras
nueve ciudades europeas: Messina, Bristol Atenas, Amersfoort, Zúrich, Lyon,
Gotenborg y Vasilui . Su puesta en marcha supondrá para la ciudad una inversión
directa de 40.000 euros procedentes de fondos europeos que se destinarán tanto
a la investigación conjunta e intercambio de experiencias así como la
implantación de experiencias piloto, que en el caso de Ourense tendrá como
referencia el núcleo singular de Seixalbo. En definitiva, la gestión del
Concell junto con el resto de agentes involucrados en el proyecto trata de
recuperar terrenos abandonados y no explotados, con la producción de productos
frescos y naturales, y que luego tendrán su propio mercado a través de los
conocidos "rianxo" en donde se podrán comprar[3].
[2]
Programa Sustainable Food in Urban
Communities centrado en el desarrollo de sistemas de producción sostenibles
y eficientes. Hay tres ejes de acción:
- El
cultivo de frutas y hortalizas en la ciudad, en los jardines, en los parques,
en los techos, en los balcones, en las tierras abandonadas, etc., y la salvaguardia
y la mejora de la fertilidad de las tierras;
- El
transporte de los productos alimenticios de forma sostenible y con el mínimo
gasto de recursos.
- El disfrute de la comida ecológica (productos
locales, sin pesticidas, productos frescos y de temporada, etc.), la mejora de
la dieta (reduciendo el porcentaje de proteínas de origen animal y alimentos
procesados), el uso de productos que cumplan los criterios ambientales y de
sostenibilidad (certificación), y la reducción de los residuos (alimento y su envasado).
Creo que las ventajas y desventajas de la arquitectura popular son muchas y muy buena.
ResponderEliminarLa definición de arquitectura es el arte y la técnica de diseñar, proyectar y construir edificio, modificando el hábitat humano y estudiando la estética.
ResponderEliminarUy
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